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miércoles, 17 de junio de 2015

NUESTRA SEÑORA DE LORETO



La presencia española en el valle de Ilo lo convirtió en uno de los más importantes productores de olivos de todo el virreinato aunque esta preciada oleaginosa se distribuyera por varios valles costeños y fuera del virreinato. Desde la hacienda Osmore y hasta la desembocadura del río muy rápido el curso inferior del río de Moquegua se pobló de extensos bosques de olivos cuya fama fue refrendada por diversos viajeros que tocaron y recorrieron el pueblo de San Gerónimo. Al olivo le siguieron el azúcar y el algodón siendo el primero de ellos otro de los productos estrella en el período colonial. Varias haciendas tuvieron extensas plantaciones de caña e implementaron trapiches para la obtención del azúcar y miel entre otras especias.
La hacienda Nuestra Señora de Loreto fue la más notoria en la producción del azúcar. Hacia 1767 esta hacienda era propiedad de los jesuitas afincados en Moquegua quienes se dedicaban al cultivo de tan dulce producto. Esta propiedad, luego de la expulsión de la orden pasó a la Administración Real de Temporalidades Jesuitas con sede en Arica, y cuyo interventor-administrador era el Teniente Corregidor de Ilo don Gregorio Peñaloza y Velarde.
Según lo reseña Lucho Cavagnaro, Loreto tenía dos sectores: una que se administraba directamente y otra que se alquilaba a diferentes conductores. La gran extensión correspondía al cultivo de la caña de azúcar, predilección de los jesuitas, además de alfalfa, que era otro lucrativo negocio cuya responsabilidad recaía en un mayordomo. En 1767, año en que los jesuitas empezaron a trabajar la hacienda el primer mayordomo fue Bernardo de Eyzaguirre que empezó sus labores un 14 de marzo cobrando un salario anual de 250 pesos además de una ración semanal medio carnero, pan, velas, azúcar, yerbas del Paraguay y jabón. Antes del año, sin embargo,  Eyzaguirre fue remplazado por Francisco Rondón, a quien sólo se le pagó 200 pesos al año.
Loreto contaba con un ingenio azucarero que el viajero francés Amadee Frezier nos lo describió con detallada memoria; la máquina contaba con un rodillo central que hacía girar los otros externos gracias a un sistema de piñones de hierro incluidos en la misma pieza que engranan unos contra otros. Estos rodillos, que giraban en sentido contrario, presionaban las cañas extrayendo el jugo que mediante un canal era conducido a las calderas donde se hacían hervir tres veces, agregándole jugo de limón y otros ingredientes. El resultado era un producto que se vertía en conos donde se cuajaba en grumos de un color marrón muy intenso, que se cubrían con cuatro o cinco pulgadas de tierra mojada, que se mantiene húmeda rociándola todos los días a fin de blanquearla y refinarla. Esta agua hacía que el jugo cayera gota a gota cuajándose en panes de color blanco. Esta actividad de molienda que se realizaba en la época de verano, alcanzó entre febrero de 1769 y enero de 1770 una producción de 769 arrobas y 4 libras de miel.
Debido a la actividad realizada en la hacienda, se construyó toda una infraestructura que estuvo a cargo del albañil Antonio Infanzón, el carpintero Pablo Valdiche y el herrero Pablo Gutiérrez. Comprendía éste la casa de pailas, la molienda y los hornos.
En las faenas ordinarias de campo Loreto contaba con 21 esclavos pero cuando entre los meses de abril y mayo se realizaba el plantío de las cañas se contrataban 45 peones que se contrataban entre pescadores del litoral e indígenas de las tierras altas, todos a cargo de un mayordomo. Los esclavos recibían como ración semanal charqui y maíz para su cotidiano y afroandino chicharrón. Según datos de la época entre 1768 y 1769 se consumieron en Loreto  243 arrobas de charqui y 232 de maíz. A los esclavos también “se les suministraba tabaco de Saña y se les proporcionaba ropa dos veces al año, para Corpus y Navidad, que confeccionaba el sastre Silvestre Alarcón, con telas del país en colores blanco y azul, que debieron ser los colores que identificaban a los esclavos de Loreto.”
Con el tiempo Loreto pasó por varias administraciones siendo una de ellas los padres del Gran Mariscal Domingo Nieto, por lo que no es descabellado afirmar que allí habría nacido nuestro Gran Mariscal. En algún momento de 1843 en las habitaciones de esta hacienda Nieto pasó unos días de descanso junto a algunos oficiales, contándose entre ellos a Ramón Castilla, futuro presidente del Perú.
Referencias
Adriazola, Edwin. Apuntes para una historia general de Ilo
Cavagnaro, Luís. Materiales para la historia de Tacna. Tomo IV

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