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miércoles, 31 de julio de 2013

DE DÓNDE VIENEN LOS NOMBRES DE LAS CALLES DE ILO

     Cuando en 1870 se empezó a trazar la distribución de las cuadras de Ilo se dispuso también el nombre de las nuevas calles que la formarían. Los nombre han perdurado hasta la actualidad y ellos corresponden a hechos bélicos ocurridos durante los años iniciales de nuestra República. Es intención de este artículo hacer referencia a los mismos de manera breve.
 
La calle principal, 28 de julio, recibe el nombre de la fecha en la que se proclamó la independencia. Por su importancia en la historia peruana esta fecha fue asignada a la calle principal de ingreso al pueblo de Ilo. Hacia el sur, la calle 2 de mayo hace referencia al combate ocurrido en esa fecha en el año de 1866 en la que las defensas del Callao se enfrentaron a la escuadra española derrotándola y destruyendo el último intento de España de recuperar sus antiguas colonias americanas. En ese combate perdió la vida, entre otros, el ministro de guerra José Gálvez.
 
La calle Mirave toma nombre de la batalla del mismo nombre ocurrida durante la independencia el 22 de mayo de 1821. En esa fecha un destacamento del Ejército Libertador al mando del comandante Guillermo Miller se enfrentó a la tropa realista al mando del coronel José de la Hera en el pueblito de Mirave en Tacna con la victoria de los patriotas.
 
La calle Matará debe su nombre a la batalla de Corpahuaico, llamada también Matará, ocurrida en 3 de diciembre de 1824 entre los tropas del Ejército Unido Libertador del Perú que comandaba en ese momento el mariscal José de Sucre y el Ejército Real del Perú bajo el mando de Jerónimo Valdez, previo a la batalla de Ayacucho ocurrida seis días después. El encuentro ocurrió en la quebrada de Corpahuaico y benefició a las tropas realistas que al final del encuentro contó con 30 muertos, mientras que en las filas patriotas las bajas alcanzaron a 300 efectivos. 
 
Con dirección hacia el norte la calle Ayacucho toma el nombre de la gloriosa batalla que enfrentó a las tropas patriotas al mando de Sucre y realistas al mando del propio virrey La Serna  en la pampa de La Quinua el 9 de diciembre de 1824 y que resultó victoria patriota, después de la cual se firmó la Capitulación de Ayacucho que puso fin a la presencia española en América.
 
La batalla de Pichincha da nombre a la siguiente calle. En este hecho militar que corresponde a la independencia del Ecuador se enfrentaron el Ejercito Libertador al mando de Sucre y el Ejército de Su majestad al mando de general Melchor de Aymerich, en las faldas del volcán del mismo nombre, el 24 de mayo de 1822. La victoria de los patriotas permitió la independencia de las provincias que pertenecían a la Real Audiencia de Quito de donde surgió más adelante la república del Ecuador.
 
De Este a Oeste tenemos la calle Junín que es el nombre de la batalla del mismo nombre ocurrida el 6 de agosto de 1824 entre el ejército patriota dirigido por Simón Bolívar y el realista al mando del general José de Canterac. Esta fue la primera batalla patriota contra los españoles, en la qu , como dato curioso, solo se utilizó arma blanca.
 
La calle Callao está relacionada con el combate del mismo nombre ocurrido el 2 de mayo de 1866. Moquegua es el nombre de la batalla ocurrida durante la etapa de la emancipación el 21 de enero de 1823 en la que el Ejercito Libertador del Sur al mando de Rudecindo Alvarado fue derrotado por las tropas realistas dirigidas por José de Canterac, luego de lo cual el ejercito patriota se retiró hacia Ilo de donde se embarcó con destino al Callao con solo 1,500 efectivos de los 4,300 que tenía inicialmente.
 
La calle Zepita debe su nombre a la batalla ocurrida entre el ejército peruano al mando de Andrés de Santa Cruz y el ejército realista que se encontraba bajo las órdenes del general Jerónimo Valdez el 25 de agosto de 1823 a orillas del lago Titicaca en una llanura cercana al pueblito de Zepita y que fue un efímero triunfo peruano durante la llamada Campaña a Puertos Intermedios.
 
Finalmente la calle Abtao hace referencia al combate que tuvo lugar el 7 de febrero de 1866 entre la escuadra española y la escuadra aliada peruano-chilena organizada para frenar los intentos colonialistas de la Expedición Científica. Este combate antecedió al enfrentamiento final que se produjo frente al puerto del Callao en mayo del mismo año

martes, 16 de julio de 2013

LA ESCUELA PÚBLICA EN ILO A FINES DEL SIGLO XIX

     A fines del siglo XIX existían en Ilo una escuela de varones regentada por el profesor Manuel Borda y otra de niñas a cargo de la profesora Leila Mendoza ambas de administradas por el concejo  que tenía a su cargo el pago del alquiler del local, el sueldo de los preceptores, la implementación de los locales y la compra del material de enseñanza, lo que no siempre se realizaba con prontitud ni en la cantidad adecuada. Ambos docentes hicieron renuncia al cargo en abril de 1889. Ese mismo año el alcalde don Lucas Folch reunió a los alumnos en un colegio mixto nombrándose preceptor a Timoteo Vásquez. la idea ni tuvo acogida entre la población, por lo que se decidió crear una escuela de varones de la que se hizo cargo Vásquez y otra de niñas de la que fue responsable doña Celia Hurtado.
     Diversas inspecciones concluyeron que, mientras la escuela de niñas andaba sin mayores problemas, en la de varones se evidenciaba frecuente inasistencia responsabilizándose de esta situación al preceptor Vásquez. Los locales alquilados para ambas escuelas no contaban con los ambientes adecuados lo que obligó a buscar un nuevo local tomándose en alquiler una casa que pertenecía a la señora Josefa Morales.
     En estas escuelas los alumnos rendían dos exámenes semestrales, uno en el mes de julio y otro en el mes de diciembre o enero y se incentivaba a los padres a enviar a sus hijos a la escuela otorgándose algunos premios. Así por ejemplo, en 1891 se entregaron dos tipos de premios: uno de cinco soles al padre que más se hubiese distinguido en mandar a sus hijos a la escuela y seis en caso de las hijas y otro de seis soles para aquella madre que más diligente se hubiera mostrado por el adelanto de sus hijos y cinco al padre bajo las mismas condiciones. A los alumnos de mayor rendimiento se les entregaban menciones honoríficas, libros, cortes de vestido para niños y de lana para las niñas. La evaluación estaba a cargo de una Comisión Censora que publicaba a  los premiados y una Comisión Examinadora que evaluaba y entregaba los resultados finales. Estos exámenes eran públicos pues la distribuía invitaciones a todas las autoridades y personas notables para el día 28 de julio, fecha de la ceremonia del aniversario nacional que sería aprovechada para realizar la premiación correspondiente.
     La premiación era pues una ceremonia especial en la que se entonaba el Himno Nacional , se leía el Acta de la Independencia, se daban las palabras de rigor y se hacía público el resultado final con el que se procedía a premiar a los mejores alumnos.  En 1891 las niñas con mejores rendimientos fueron: sobresalientes Rosa A. Bonatti, Eulalia Juárez y Cristina Villalobos, a quienes se les entregó un corte de tela; Bueno: Jesús Cornejo, Rosa Maturana y Elena Leonardo, a quienes les correspondió textos de instrucción y dos cortes de tela. En la escuela de niños: Sobresalientes: Jesús Alponte, Esteban Hurtado, Lucas Salcedo y Patricio Ascaño, a quienes se les entregó un corte de vestido y menciones honoríficas: Bueno: José Gasco, Antonio Mendoza, Francisco Vásquez y Emiliano Hurtado, a quienes les correspondió un corte de vestido.
     Como el ausentismo era el problema más persistente, a fines del siglo XIX se publicó un bando  en el que se obligaba a los padres a enviar a sus hijos a la escuela imponiéndose una multa a los padre que incumpliesen esta ordenanza y se autorizó a la policía municipal a informar de quienes, estando en la obligación de asistir a la escuela, no lo hicieran. Varias eran las causas de estas ausencias, entre ellas la negativa de quienes tenían niños empleados, las condiciones del local escolar, la falta de útiles y la poca dedicación de los  preceptores como admitieron algunos padres consultados por la autoridad.
     Durante la gestión de Cayetano Garibaldi algo de esto intentó superarse pues se distribuyeron cuadernos, pizarra, tinteros y lapiceros con sus plumas para aliviar en algo esta carencia. Se reunió a los padres en una sesión en el concejo y se concluyó que el preceptor Vásquez no había contribuido a la mejora de la instrucción por lo que se decidió culminar su trabajo y remplazarlo por el párroco Francisco Javier Zúñiga en enero de 1894. Si esto ocurría con la escuela de varones, situación diferente se evidenciaba en la escuela de niñas, cuya asistencia diaria es regular y la preceptora no sólo se dedicaba a la enseñanza de la lectura y escritura sino también se consagraba a enseñarles pese a su exiguo el sueldo de quince soles.
     El trabajo de Zúñiga tampoco fue muy adecuado pues se le acusaba de descuido en sus labores tanto por su edad como pro sus obligaciones religiosas lo que obligó en más de una ocasión postergar los exámenes previstos. Un informe al respecto de enero de 1999 señalaba que el plantel de varones está mal regentado y que nada de adelanto se había manifestado con relación a la prueba final del año 1897 y que por lo tanto era necesario otorgarle un voto de censura de parte de la municipalidad. Distinta era la situación de la preceptora Juana Bonatti de la escuela de niñas a quien se le dio un voto de agradecimiento “por el aprovechamiento y notorio adelanto de sus pupilas manifestado en los últimos exámenes rendidos.”
     Todo esto condujo a la municipalidad a clausurar esta escuela hasta que se consiga un preceptor diplomado con mayores actitudes para confiarle el plantel de instrucción que venía regentando desde hace más de seis años el Sr. Zúñiga con atraso de la juventud.” El cargo salió a concurso y se fijaron carteles a efecto de comunicarlo, dando un plazo de treinta días de convocatoria. Al concurso se presentó Calixto Herrera y el propio Zúñiga quien se resistía a su cambio. El concejo conformó el Jurado Calificador que estuvo compuesto por Pedro Valle y Cristobal Marten. Esta comisión realizó la evaluación y presentó el 10 de julio su dictamen final. Expuesto éste en sesión de Concejo y habiendo escuchado la opinión de cada uno de sus integrantes, se decidió mantener como preceptor de la escuela de varones a Zúñiga y a Calixto Herrera como auxiliar, pero dividiéndose ambos el sueldo asignado diez soles, cinco a Zúñiga y los otros cinco divididos en S/ 2,50 para cada uno. Esto no  impidió que a inicios del siglo XX esta escuela se clausure definitivamente.

LA ACTIVIDAD MARÍTIMA DURANTE LA COLONIA

    Una de las bondades tenidas en cuenta para el asentamiento de los primeros españoles en el valle de Ilo fue no solo el propio valle sino también su fácil acceso al mar, una de las condiciones requeridas para el asentamiento de los primeros europeos en estas latitudes. El mar siempre fue un atractivo para los españoles en la zona de costa pues los mantenía de cierta manera en contacto con su país de origen y les permitió desarrollar una importante actividad portuaria, por lo que en este esquema Ilo no fue un puerto ausente.
     Ya en 1539 el español Juan Vallejo extendió en Arequipa una escritura el 21 de julio en la que otorgaba poder a Mizier Francisco para que pueda administrar sus intereses que tenía en el valle, y en especial “para que pueda cobrar la hacienda de mi navío o navíos en que venga, para que pueda vender, comprar y para que  pueda hacer y haga todo y cualesquiera cosas que a mí y a mi hacienda convengan y para que pueda tomar mi navío que se llama Saint Josepho y hacer de él todo lo que yo mismo puedo hacer." Vallejo tenía entre sus negocios la construcción y venta de embarcaciones; el 20 de noviembre del mismo año realiza en Arequipa un contrato de arrendamiento con los capitanes Pedro de Valdivia, Alonso Monroy, Cristobal de la Peña y Francisco Martínez "para llevar uno o dos navíos a la conquista de Chile a razón de 4000 pesos de oro el flete por cada uno." Esto no debe sorprendernos pues, de acuerdo a José Antonio del Busto, existía en Ilo un astillero debidamente implementado.
   La actividad marítima de Ilo fue creciendo con el tiempo debido al incremento de intereses comerciales y económicos en el sur, logrando su momento más importante a mediados del siglo XVIII, período en el que la actividad de los armadores estaba en pleno auge. En 1737 Juan del Toro compró el navío Nuestra Señora de La Aurora al general don Bernabé Philipe Aragón en la cantidad de 50 mil pesos. Con este barco se realizaban comercio de mercaderías como guano de isla, madera y aceite entre Pacocha y Arica y en varias oportunidades esclavos; el 15 de febrero del año siguiente, por ejemplo,  del Toro vendió al general mayor Joseph Carrillo, corregidor y justicia mayor de Moquegua 9 piezas de esclavos, 5 negros, 3 negras y un mulato de nombre Juan José, comprados  en Chile a don Gonzalo de Méndez, en el precio de 3,070 pesos.
    Otro de los armadores afincados en Ilo era don Juan Francisco Valverde, dueño de la fragata Nuestra Señora del Rosario, que hacía el recorrido entre los puertos y caletas del corregimiento de Arica transportando principalmente guano de isla. En 1751 Valverde realizó una travesía entre Arica y el Callao pero, al no tener el debido permiso para este tipo de negocios su nave fue embargada, por lo que se vio obligado a interponer una solicitud pidiendo que se le permita continuar su viaje con la finalidad de comerciar el guano que transportaba y pagar de esta manera la sanción impuesta, solicitud a la que las autoridades accedieron obligando el pago de una fianza o garantía. Valverde se vio obligado a hipotecar su propia nave y una hacienda de olivares que poseía en el valle de Ilo. (Luís Cavagnaro)
     El 26 de noviembre de 1757 el general don Felipe de Bustamante y Benavides, corregidor de su Majestad, vendió a don Enrique de Iglesias y en su nombre al Comisario General de la Caballería de Moquegua don Carlos Fernández de Castro, apoderado de Iglesias el navío Santa Gertrudis anclado en el puerto de Pacocha con tres velas, jarcias, anclas todos los demás pertrechos en siete mil pesos pagaderos en dos años.
     El 24 de diciembre de 1783 el capitán don Tomas del Alcázar y Padilla dueño del barco La Aurora surto en Pacocha y próximo a hacer viaje al Callao realizó un contrato de alquiler con el capitán Juan Bautista de Alaiza y don Marcelo Ribera para transportar una partida de aceite de oliva y otra de vinos hacia la ciudad de Lima a razón de dos pesos de a ocho reales cada pieza embarcada en dicho viaje y de allí realizar otro hacia Valparaíso, Iquique y Arica, regresando nuevamente a Pacocha como punto final de la travesía. En Arica recibió Alcázar el encargo de conducir hacia el Callao tres partidas de estaño pero al no poder continuar el viaje, encargó al maestre de su barco, don Nicolás Martínez, vecino de Ilo, para que culmine dicho encargo.
     Fácil es pues notar que la actividad marítima de Ilo fue muy dinámico, pues junto a Arica formaba lo que hoy se conoce como par portuario. Datos de la época señalan que cuando Arica se encontraba soportando fuerte actividad, los navíos se desplazaban hasta Pacocha, haciendo más fluida la actividad comercial. Durante la etapa de mayor explotación de la mina de Potosí parte del cargamento era dirigido hacia Ilo desde donde se embarcaba hacia el Callao. Los puntos de embarque eran la desembocadura del Osmore, el lugar más importante, y Yerba Buena hacia el norte, por donde se comerciaba principalmente guano de isla y en donde había un sencillo atracadero.