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martes, 18 de junio de 2013

LA PRIMERA EXPANSION URBANA DE ILO


Desde 1870 se entregaron en Ilo los primeros títulos de propiedad de quienes fueron reubicados luego del terremoto de 1868. Muchos de los terrenos entregados no fueron ocupados inicialmente y estuvieron abandonados por largos años. Las construcciones, muchas de ellas alejadas del centro, demostraban la precariedad de sus ocupantes, con habitaciones de carrizo y algunas de barro. En el centro, sin embargo, empezaba a consolidar la nueva ciudad. Edificios de una y dos plantas empezaban a surgir. El adobe para las paredes, la madera para el piso, madera, caña y la torta de barro para el techo, el mojinete trunco o el techo plano, empezaban a vislumbrase como muestra de una población que no se rendía a los embates de la naturaleza. Las calles empedradas y simples senderos de tierra empezaban a dibujarse cada vez con mayor nitidez en este nuevo Ilo de inicios del siglo XX. La población sufría de un inadecuado abastecimiento del agua potable, alumbrado público casi inexistente y un pésimo  servicio de aseo público. El principal problema fue el de los terrenos no construidos ni cercados que se convertían rápidamente en muladares y focos infecciosos, por lo que en julio de 1925 el alcalde Luís Ghersi ordenó que los dueños de los sitios edifique o cerquen sus terrenos so pena de recibir una multa y hasta de perder sus lotes, encargando a los regidores Carlos Ostolaza y Ernesto Rodríguez el cumplimiento de esta disposición municipal.

En el primer cuarto de siglo la municipalidad recibió gran cantidad de solicitudes de terrenos con fines de construcción debido principalmente al elevado costo de los alquileres. En 1926 el concejo procedió a atender todas las solicitudes, pero don Pedro Valle interpuso recurso de nulidad a este procedimiento argumentando que no se había tenido la opinión del Delegado del Cuerpo Técnico de Tasaciones, tal como estipulaba la ley de aquel entonces. Aunque desde Lima se había designado para tal fin a un ingeniero de apellido Dallorto, su demora en arribar a Ilo perjudicaba la venta de terrenos por lo que se convocó a Valle para que, acompañado de Julián Maura y Ernesto Rodríguez, procedan a la tasación de sitios y realizar los cobros respectivos, solucionándose de esta manera el impasse y dando legalidad a la venta de terrenos.

A inicios de 1927 los primeros títulos fueron extendidos a los que tenían posesión y vivencia en el puerto y se procedió a la demarcación de terrenos de libre disposición de propiedad municipal. Aunque esto significo el primer intento por reordenar el naciente pueblo de Ilo, el proceso de titulación no estuvo libre de problemas. Solo por poner un ejemplo, don Armando Fernández Dávila, en enero de ese año 1927, solicitó reconocimiento de dos sitios en la calle Callao, adjudicados inicialmente a la señora Belisaria Vargas en 1871 y que hizo valer sus derechos con la certificación entrega por Pedro Valle. Es posible que contando con el apoyo de algunas autoridades locales o foráneas algunos hayan intentado apropiarse de terrenos de manera no muy legal, por lo que la autoridad municipal dejó claro que “debía procederse de acuerdo con los títulos que presente el interesado y que el delegado no tiene facultad para expedir certificados de propiedad” pues el riesgo de tener títulos entregados por dos comisiones distintas podía genera problemas posteriores.

En enero de 1929 el alcalde Juan Tidow comprendió que era importante contar con un plano de la ciudad por lo que se solicitó la presencia del ingeniero vial Dallorto, a fin que levante el plano de Ilo. Era sin embargo tal la presión por nuevos terrenos, que el concejo siguió asignando lotes, pues autorizó edificaciones hacia el norte de la ciudad, colocando como límite las últimas construcciones existentes en ella. Dallorto nunca llegó y se nombró en marzo de ese año al ingeniero Víctor Criado Menéndez al que se le encomendó demás los estudios para el establecimiento de agua y desagüe a la población. Para marzo del siguiente año, el trabajo de Criado Meléndez estaba prácticamente terminado; había demarcado los sitios y colocando la red de estacas de acuerdo a los planos, con la intención de que sean recubiertos de concreto para su mejor visualización. Finalmente, el 16 de junio, el Ministerio de Fomento aprobó el Plan Topográfico de Ilo que comprendía un área de 345,567.50 m2 con los linderos que siguen: por el Norte el río de Moquegua, por el Este y por el Sur con la línea del ferrocarril y por el Oeste con el Océano Pacifico. El trabajo de Víctor Criado no terminó con el plano sino que fue enviado nuevamente a Ilo para que formule el estudio de la urbanización de sitios fiscales de libre disponibilidad y proceder a su lotización, en base al plano ya aprobado, asignándosele un haber de ciento veinte libras peruanas.

En la década de 1940 la demanda de terrenos para la construcción de viviendas o negocios rebasó las posibilidades físicas de la municipalidad. El plano levantado por Criado había sido prácticamente desbordado y sólo quedaba abrir un nuevo frente urbano hacia el norte. Ilo crecía a pasos agigantados y obligaba a sus autoridades a ponerse en el mismo papel. La gestión de Antonio de la Flor encargó, entonces, realizar un nuevo plano sobre las futuras construcciones, encomendado para este trabajo al regidor Ernesto Rodríguez

A inicios de agosto de 1945, Rodríguez presentó el plano de la futura expansión, el cual fue aprobado, pero se dejó constancia expresa que, al realizar el levantamiento de los mismos, el ingeniero Víctor Criado Menéndez había variado la dirección de algunas calles. Efectivamente, el nuevo plano tomó otra dirección a partir de la calle Alfonso Ugarte, suprimiéndose las calles que llevaban los nombres de “La Rivera”, “La Marina” y “General Domingo Nieto”; de la misma forma se modificó la medida de las manzanas. El principal inconveniente de estos cambios fue que se alteró la ubicación de los terrenos que con anterioridad habían sido vendidos, de acuerdo con la ley Nº 4673. De esta manera, el margesí que se presentaba en aquella época y que fue aprobado por el Concejo, era “el único documento con el cual pueden ser ubicados los terrenos, de acuerdo con el plano que al efecto posee el concejo y que ha sido tomado como referencia del levantado por el ingeniero señor Víctor Criado.” En base a este trabajo, se encargó a Ernesto Rodríguez, en su calidad de perito delegado, realizar deslindes, mensuras y tasaciones de todos los lotes de terreno de propiedad municipal, tanto adjudicados como no adjudicados, a fin de poder entregar nuevos lotes y habilitar, de esta manera la nueva zona urbana de Ilo.

A partir de este proceso se produjo una inusitada avalancha de solicitudes de terrenos en las nuevas áreas abiertas, incluso antes de que los planos estuviesen concluidos. Así, en agosto de 1945, fueron varias las personas que solicitaban adjudicación de terrenos, especialmente en la calle Abtao, entre ellos, Manuel Tomasio, Ernesto Rodríguez, Humberto Cokting, Alfonso Fernández y Armando de Ferrari. En varios casos las persona requería de más de un terreno y otras lo hacían en nombre de terceros; así don Luís Díaz solicitó dos lotes para don Alfredo Diez Canceco y cinco lotes para él mismo; Atilio Jo pedía cinco lotes, para Humberto Ghersi se destinaron tres lotes solicitados por Luís Díaz y dos lotes para “Cánepa y Cía.” solicitados por el mismo Díaz.

En el mes de octubre se presentan nuevas solicitudes de terrenos: don Alberto Wehrle lo hacía a nombre de su esposa Julieta Vásquez, de sus hijas Alicia y Emma Wehrle y de su hijo político Enrique Renaud Vásquez, un lote para cada uno; don Luís E. Maura en nombre de doña Angela Barrios Espinoza, un lote y dos lotes para él; Eduardo Jiménez Gómez cinco lotes; Eduardo Gonzales López, dos lotes; don Carlos Hernán Zegarra dos lotes; doña Teófila López viuda de Gonzales, dos lotes… y paremos de contar. Presionado por la demanda de terreno, en julio del ’48 la municipalidad encargó al ingeniero Julio Loli levante planos para habilitación urbana entre la fábrica de conservas y la avenida Alfonso Ugarte. Sobre ellos el perito tasador y mensurador designado por el concejo procedió a la lotización y se le autorizó para que realice la marcación de las esquinas con el mismo ingeniero tomando como referencia el barrio viejo (es decir la zona de Ilo que culminaba a la altura de la calle Alfonso Ugarte). El 10 de setiembre de 1948 se comisionó al inspector de sitios de la gestión de Ghersi, don Alberto Wehrle, para que estudie la apertura de la calle de Abtao en el punto Este de la población, formulando las bases respectivas y se convoque postores para la obra citada.