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viernes, 24 de mayo de 2013

BREVE HISTORIA DEL GUANO EN ILO.


Hasta 1 830, el uso del guano de isla era el que normalmente se le dispensó en toda nuestra historia agrícola nacional: como fertilizante por parte de las comunidades costeras, las cuales podían acceder a él sin más gravamen que los gastos de extracción, obteniendo la cantidad necesaria para sus cultivos. Pero luego de aquella fecha, debido al “descubrimiento” de sus propiedades, el guano fue clasificado como un bien nacional y aunque no dejó de ser bien común, el Estado declaró su propiedad allí donde éste se encontrase. Posteriormente, el “boom” del guano hizo que el Estado tomase medidas para garantizar el uso de este recurso y los adecuados ingresos para el erario nacional. En mayo de 1,852 el gobierno señaló mediante decreto los lugares en los que se ubicaba este rico yacimiento y determinó la jurisdicción a la que estaba sujeta. De esta manera, identificó los depósitos guaneros existentes en la zona al norte de Ilo, de la que, conforme al decreto de 1º de febrero de 1848, la comunidad de Puquina podía extraer el abono que necesitaba para sus tierras y de ningún modo para venderlo. Este derecho reconocía el uso tradicional que las comunidades costeras de Ilo hacían del guano de las islas. Este privilegio, sin embargo, ya era reconocido a la comunidad de Puquina desde tiempos coloniales, como veremos más adelante.

Con anterioridad a este decreto, el 9 de noviembre de 1,846, la Subprefectura de Moquegua realizó el remate de una parte del guano adquirido por la comunidad de Puquina con la intensión de pagar las deudas que, por concepto de honorarios, se debía al preceptor de la comunidad de Coalaque, transacción que fue declarada nula debido a que la comunidad de Puquina no estaba autorizada para realizar dicha venta. Posteriormente un decreto de 1,848 estableció que la Beneficencia de Tacna debía asumir el pago mencionado. Esta medida, comenta Basadre, buscaba establecer con claridad el adecuado empleo del recurso por la comunidad y no crear antecedentes nefastos para la economía.

El uso del guano en las costas de Ilo queda evidenciado en la narración que Garcilazo de la Vega hace en sus Comentarios Reales, cuando expresa que “en la costa de la mar, desde más debajo de Arequipa hasta Tarapacá, que son más de doscientas leguas de costa, no echan otro estiércol sino el de los pájaros marinos que los hay en toda la costa del Perú grandes y chicos, y andan en bandadas tan grandes que son increíbles si no se ven. Crían en unos islotes despoblados que hay por aquella costa, y es tanto el estiércol que en ellos dejan, que también es increíble: de lejos parecen los montones de estiércol punta de algunas sierras nevadas. En tiempo de los Reyes Incas había tanta vigilancia en guardar aquellas aves que al tiempo de la cría nadie era lícito entrar en aquellas islas, so pena de la vida, porque no las asombrasen y echasen de sus nidos. Tampoco era lícito matarlas en ningún tiempo, dentro ni fuera de las islas, so la misma pena”. Igual referencia hace de la existencia de guano en Ilo cuando Raimondi dice que guano “existe también sobre la costa e islotes más meridionales de Ica,  Ilo y Arica”.

El uso del guano en las costas de Ilo no estuvo libre de dificultades y enfrentamientos, incluso en tiempos en que no se tenía cabal conciencia del valor monetario de la explotación de este recurso. Luís Cavagnaro, en el tomo IV de su obra “Materiales para la historia de Tacna”, cita la disputa que se produjo entre los corregidores de Arica, don Tomás de Bocardo y Massias, y del Colesuyo, don Francisco Joseph Carrillo. Sucede que Carrillo, al parecer mirando sus intereses particulares con la socapa de serlo del bien común, acudió al virrey Marqués de Villagarcía manifestándole los inconvenientes que le causaba a su corregimiento la presencia de naves procedentes de Arica cuyos dueños comerciaban el guano que necesitaban los indios de la provincia de Moquegua y el virrey proveyó un auto por el cual se mandaba “que los dueños de barcos de la jurisdicción de Arica y otros cualesquiera, que con ningún motivo ni pretexto comercien ni trafiquen el guano de que necesitaban los comunes de indios de la provincia de Moquegua.” Carrillo, quien mantenía una fuerte enemistad con Bocardo por cuestiones de deudas, le remitió al corregidor de Arica esta, a lo que respondió el ariqueño señalando que Carrillo había recurrido a falsa relación y testimonio sorprendiendo al virrey. Contra lo que afirmaba Carrillo, Bocardo se esmeró en demostrar la conveniencia de que los dueños de las naves comercien el guando de la zona de Ilo, pues esto convenía a los intereses de los indios de Ilo y de toda la zona de Sama, Locumba y otras caletas, ya que en este negocio los dueños vendían la fanega a doce y diez reales dejando ganancias a los indios de la zona. El corregidor Bocardo indicaba además al virrey que, si su excelencia estuviese mejor informada, conocería que todas las caletas y lugares en los que se venden este guano pertenecen a la misma jurisdicción y que, desde tiempos inmemoriales, se ha dado esta posesión y que la misma no puede ser privada.

La extracción de guano fue un negocio en la que participaron varios españoles. En 1796, por ejemplo, el capitán don Pablo de Vizcarra Alcalde Ordinario de Moquegua y don Alejo Mazuelos formaron  una compañía para la extracción de guano en Punta de Coles sobre el que Vizcarra había recibido posesión jurídica del alcalde de Ilo don Vicente de Córdova. El 30 de abril del mismo año, Mazuelos se asocia con don Santiago de los Ríos para que pueda disponer de la tercera parte de las fanegas de guano que le correspondían de su acuerdo con Vizcarra. El precio de la fanega de guano era en aquel entonces de dieciocho reales. Pero no sólo se comerciaba el guano de las islas de Ilo, sino que había un frecuente comercio de guano proveniente de Iquique. En noviembre de 1735 don Francisco de Aguilar, administrador y maestre de la fragata San Francisco de Paula, propiedad del capitán don Nicolás de Orejuela, vendió 10 barcadas de guano (cada una de 1450 fanegas) provenientes de Iquique al general don Francisco Joseph Carrillo, Corregidor y Justicia Mayor de Moquegua las cuales debían ser entregadas de la siguiente manera: tres barcadas en el año de 1736, dos de ellas puestas a cuenta y riesgo de la indicada embarcación en Yerbabuena y la otra en el puerto de Ilo, todas entregadas en el mes de julio del indicado año; otras dos barcadas en 1737, colocadas ambas en Yerbabuena entre febrero y marzo; tres en 1738 dos de ellas en Yerbabueba y la otra en Ilo y finalmente otras dos en 1739 en Yerbabuena en el mes de febrero. Carrillo debía pagar 10 reales por cada fanega puesta en Yerbabuena y 9 por las puestas en Ilo por concepto de flete.

1 comentario:

rafaelserjio dijo...

Saludos cordiales. Cual es el origen de la palabra COLES, para Punta de Coles.