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viernes, 18 de mayo de 2012

CUANDO ILO ESTUVO A PUNTO DE LLAMARSE "JUAN FRANCISCO"

Como consecuencia del terremoto y maremoto ocurrido en agosto de 1868, comentado en otra oportunidad en este blog, el Presidente Balta encomendó a una comisión presidida por su hermano el coronel Juan Francisco Balta, Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Guerra, la visita a la zona afectada llevando la palabra de aliento del gobierno y la orden de iniciar las obras necesarias para reactivar la economía de las poblaciones afectadas.
En Ilo, esta comisión estuvo en el mes de febrero de 1871. El 14 del indicado mes el coronel Francisco Balta procedió a colocar la primera piedra de lo que sería el futuro ferrocarril Ilo-Moquegua y posteriormente se dirigió a la altura de lo que hoy es la plaza de armas y colocó la primera piedra del  templo de San Gerónimo, tal como consta en el acta respectiva que se redactó en la fecha, acontecimientos que llenaron de satisfacción a los pobladores, sobrevivientes y reubicados luego del terrible maremoto que destruyó el antiguo pueblo de Ilo.
Ante estos hechos que beneficiaban a Ilo, la población solicitó como una forma de reconocimiento al gobierno de Balta que el nombre de la nueva ciudad sea "Juan Francisco" expresando de esta manera su agradecimiento a la presencia del hermano del Presidente. Demás está decir que quienes fomentaron esta petición fueron las autoridades y familias más notorias de aquel momento y cuyos nombres de muchos de ellos (78 en total) quedaron registradas en el acta que para tal fin se redacto y elevó al gobierno a tarvés del prefecto de la época. El acta fue redactada de la siguiente manera:
 “En la caleta de Pacocha, distrito de Ilo, de la provincia de Moquegua, a los catorce días del mes de febrero de mil ochocientos setenta y uno, los que suscribimos, informados de que en el día de la fecha el Señor Presidente del Consejo de Ministros, Coronel Juan Francisco Balta, procede a colocar la piedra fundamental del ferrocarril de este puerto a la ciudad de Moquegua como también la primera piedra sobre la cual debe levantarse la iglesia de este pueblo; que este beneficio de remarcable importancia, se debe en gran parte a los esfuerzos del expresado señor Presidente del Consejo, el que con laudable decisión por nuestra prosperidad se ha presentado gustoso a dar personalmente impulso a dichas obras que ofrecen un bello porvenir a este puerto y a la provincia de Moquegua; que habiendo por este motivo inmortalizado su nombre entre nosotros, se ha acordado en nombre de gratitud al señor Coronel don Juan Francisco Balta, solicitar del señor Prefecto del departamento, por medio de esta acta para que  se conceda a este puerto menor el nombre de JUAN FRANCISCO y para que conste nuestra unánime y espontánea voluntad, y a fin de que surta sus efectos, firmamos en el día de la fecha la presente acta.
Comisionando al Alcalde Municipal para que la eleva a la Prefectura con la respectiva nota de atención. G. Flor, José Miguel Vélez, Luciano Almenara Juez de Primera Instancia, Samuel Ordoñez Alcalde Municipal, Mariano Arguedas Síndico, P.M. Sotomayor, Benigno Fernández Dávila Síndico…”
La gestión no prosperó y quedó registrada como un hecho anecdótico. De no haberlo sido estaríamos hoy celebrando una fiesta diferente y llamándonos entre nosotros "Juanfranciscanos" o algo parecido.
Información:

Edwin Adriazola: Apuntes para una historia general de Ilo.

Luís Kuon: Retazos de la historia de Ilo.

jueves, 17 de mayo de 2012

LA HISTORIA DEL CONDADO DE ALASTAYA

El título nobiliario de Conde de Alastaya fue entregado el 10 de octubre de 1769 por el Rey Carlos III a don Ignacio Nieto y Roa, quien era previamente Vizconde de Altagracia. Al entregarle tal título, le reconoce la potestad de usarlo y entregarlo en herencia, y de que se le reconozca todas las honras, franquezas, libertades, exenciones, preeminencias, gracias y demás ceremonias propias de quienes ostentan dicho título. Como era costumbre desde el reinado de Felipe IV, Nieto y Roa debió dejar de utilizar el título de vizconde. Ignacio Nieto y Roa era hijo de Francisco Nieto Penaloza y María Roa y Carbajal y fue el primero de tres hermanos, siendo los otros Antonio y Bárbara. En su vida pública llegó a ser Teniente Coronel de Milicias y Coronel del Regimiento de Infantería de Moquegua. Ignacio fallece sin dejar descendencia y en su testamento deja expresa constancia que lega a su hermano Antonio el Mayorazgo y el título de Conde. Le entrego además todo su patrimonio: haciendas de vina y estancias en Moquegua y olivos en el valle de Alastaya, además de once esclavos negros entre otras pertenencias, dejando claro que no estas propiedades no las podía vender, trocar ni cambiar y que a su muerte estas pasen a sus hijos y nietos con preferencia del varón sobre la mujer. El 2 de setiembre de 1776, mediante una Real Carta fechada en San Ildefondo, se le ratifica a Antonio el título obtenido de su hermano. Antonio tuvo cuatro hijas con Nicolasa Nieto y Fernández Maldonado, siendo la mayor de ellas, María Gregoria Nieto y Nieto quien recibe por testamento del 27 de abril de 1802. A la muerte de su padre ocurrida el 24 de agosto de 1803, María toma posesión del condado y luego, al trasladarse a vivir a La Paz, lleva consigo este título. María Gregoria Nieto de Rojas fallece en la Paz el 24 de mayo de 1884 a la edad de 88 anos y la posesión del título fue motivo de una disputa judicial entre Josefa Rosa Landarrari, hija adoptiva de Gregoria y la sobrina carnal de Manuela Sáenz de Tejada y Nieto quien argumentaba que tras el fallecimiento de su madre Clara Nieto de Sáenz de Tejada, le correspondía los derechos del título y del mayorazgo. La Suprema Corte de Justicia de Bolivia sentenció que Josefa Rosa no había sido hija legítima de Gregoria mientras que los tribunales peruanos fallaron que Manuela Sáenz de tejada y Nieto era la legítima sucesora tanto por muerte de su tía María Teresa Nieto, segunda hija del II Conde de Alastaya como de su hijo legítimo don Santiago De La Flor y de su madre María Clara Nieto de Sáenz de Tejada, a quien sucedía en calidad de hija mayor. Con el avance de la República, muchos títulos nobiliarios desaparecieron, siendo uno de ellos el Condado de Alastaya. En segundas nupcias Francisco Nieto Penaloza casó con Elena Hurtado de Mendoza y Zapata con quien tuvo cinco hijos: Vicente, Mariana, Francisco, Manuela y Juana Nieto Hurtado Zapata. De ellos, Francisco llegaría a ser padre del Gran Mariscal Domingo Nieto Márquez. Información: Edwin Adriazola. "Domingo. El Nieto que llegó a Gran Mariscal" Alfonsina Barrionuevo. "La herencia del Conde de Alastaya" Isabel Zizold. "Historia del Mayorazgo de Alastaya en Moquegua"

martes, 1 de mayo de 2012

ANTONIO NIETO Y ROA. SEGUNDO CONDE DE ALASTAYA

Antonio Nieto y Roa era hermano de Ignacio Nieto y Roa, el primer Conde de Alastaya, ambos hijos de Francisco Nieto Penaloza y María Roa y Carbajal. Ignacio falleció en Argentina sin dejar descendencia, por lo que el título condal pasó a su hermano, don Antonio como voluntad testamentaria en documento fechado el 16 de diciembre de 1775 Antonio era hacia 1798 Coronel del Regimiento de Infantería, Teniente Coronel de los Reales Ejércitos, Comandante Militar de Moquegua y Regidor Perpetuo de la villa, lo que indica además su estatus dentro de la jerarquía política y administrativa local. A él se le ratificó el título de Conde en San Ildefonso el 2 de setiembre de 1776. Dentro de la familia Nieto, Antonio era el segundo en la línea sucesoria del condado. Se casó con su tía Nicolasa Nieto y Fernández Maldonado y tuvo cuatro hijas: María Gregoria Nieto y Nieto, María Teresa, María Clara y Eustaquia. La vida de Antonio transcurrió entre sus labores de milicia y sus negocios, algunos de ellos vinculados a los olivos, lo que le permitió acrecentar la fortuna familiar. Era parte del patrimonio de los Nieto y Roa una vina en el pago de La Rinconada en el valle de Moquegua y una hacienda de olivar llamado Alastaya en las costas de Ilo, ambas propiedades heredades de su padre don Francisco Nieto, además de los aperos, molino y ganado que tenían dichas estancias. Por esta razón es que Antonio visitaba con cierta frecuencia las costas, aparentemente haciendo mayores negocios e incrementando sus propiedades. Nieto vivió en Moquegua, con seguridad en la calle del mismo nombre en donde existe restos de lo que fue la casona de los condes de Alastaya, fácilmente identificable por el gran portón de madera, pero sobre todo por el frontispicio blanco que descansa en dos columnas del mismo color y en el que se puede leer con cierta dificultad "Nuestra nobleza blasona que en su santidad se encierra… de un gran señor de la tierra cabeza de los coroneles…"