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domingo, 26 de junio de 2011

POBLACION Y TRIBUTOS DE ILO EN EL SIGLO XVI.

Una de las interrogantes que siempre nos hemos hecho con respecto a Ilo es aquella que tiene que ver con la información demográfica. Pocos datos existen sobre la evolución demográfica inicial del pueblo de San Gerónimo de Ilo, pero la que existe puede ayudarnos a reconstruir este tema con cierta fidelidad.
Un documento inicial valioso para estos fines es el que entrega la encomienda a Lucas Martinez de manos de Francisco Pizarro, En éste se conoce que el pueblo de Ilo contaba con 20 indios y existía una estancia llamada Chiri con seis indios adicionales. Sobre este y otros documentos, el historiador Efraín Trelles (Lucas Martínez Vegazo: Funcionamiento de una Encomienda Peruana Inicial) pues señala que en realidad se ubicaban en Ilo 194 tributarios que equivalen al 11,8% del total de tributarios de la encomienda asignada a Martínez, pero sabiendo que los tributarios son indios entre 18 y 50 años y no la población en total, Trelles estima que la población aproximada de Ilo alcanzaba algo de 1 493 habitantes.
Es casi imposible determinar la cantidad de habitante que tenía Ilo hacia 1 540. Pero en 1570 se realiza la visita del virrey Toledo y de ella surgen datos mucho más precisos. Así, se conoce por ellos que en Ilo existen 50 tributarios (13%), 18 viejos (5%), 208 muchachos (54%) y 109 mujeres (28%) haciendo un total de 385 habitantes. Estos datos son de por si interesantes pues indican que más del 50% de la población es joven y casi un tercio es femenina, mientras que los tributarios no llegan sino al 13%. La pregunta es ¿y qué pasó con los varones? Lo que vemos aquí es que existe una población demográficamente anormal producto quizá de los cambios que pudo significar la conquista española. Pero hay algo más: la cantidad de tributarios cae de 194 en 1 540 a 50 en 1 570 y en ese mismo lapso la población pasa de 1 493 a 385 habitantes. No tenemos razones para explicar este descenso, pero se nota que de alguna manera algo debió influir en ese descenso; bien pudo ser la movilización de gente para la mita, su traslado a la zona de Chuchito, de donde muchos procedían o su desplazamiento a otros valles costeros como Arica o Tarapacá.
Debemos recordar que toda la encomienda estaba bajo el gobierno del curaca Pola (o Poca) y que todos los pueblos estaban ubicados en el litoral, pues como señala Trelles: “mientras el pueblo de Piato quedaba en la Costa marina, Ilo se encontraba a la boca del río Moquegua. A su vez, y siempre siguiendo la cédula de encomienda, el pueblo de Meca se encontraba a la boca del río Yrabaya, mientras que Ete se ubica a la vera de dicho río”. En consecuencia, todos estos tienen una fuerte vocación de pescadores. Esto queda claro cuando se afirma la existencia de una estancia llamada Chiri ocupada por pescadores.
Hacia 1 549 se realizó por órdenes de La Gasca la primera tasa de tributos, con la finalidad de establecer la cantidad que debían entregar los encomendados a sus encomenderos. En el caso de la encomienda de Martínez la tasa de su encomienda fue aprobada el primero de marzo de 1550. Para el caso de Ilo, su población estaba obligada a pagar 17 distintos tributos: piezas de ropa, maíz, trigo, frijol, ají, aves, perdices, huevos, puercos, mantas, mandiles, sogas, pescado seco, lonas, alpargatas, además de 8 indios para el servicio.
Esta exigencia es, a simple vista, un evidente abuso por lo exagerado e injusto del tributo asignado en la medida que, siendo uno pueblo esencialmente pescador, estaba obligado a tributar especies difíciles de acopiar, tal como el vestido, por ejemplo. En el caso de la ropa, ésta debía ser confeccionada con algodón y entregada por los indios en la casa del encomendero, puesta por cada cien tributarios, lo que significa que cada grupo debía entregar 61 piezas, lo que era demasiado, pues, como apunta Trelles, hacia 1565 los indios de Ilo sólo estaban en condiciones de cumplir con el 13% del total exigido. El faltante fue remplazado por 10 lonas para el barco de Lucas Martínez. El final de esta ropa era su venta en la zona de Potosí, la que producía 4 pesos por cada pieza, un precio sumamente alto si se tiene en cuanta que cinco años después se estableció el costo de cada pieza en 2 pesos.
En cuanto al maíz los pobladores de Ilo eran objeto de otro abuso pues, comparativamente a otras localidades, eran los que pagaban una de las tasas más alta de este producto: cerca de 150 fanegas por cada 100 tributarios. (En comparación Tarapacá pagaba 88 fanegas y Pica 100). De esta manera, los tributarios de Ilo terminaban asumiendo una tasa tributaria sumamente alta que los hacía pagar casi tres veces más de la cantidad establecida para ellos. En el caso del trigo, los indios de Ilo y de otras localidades tuvieron dificultades para cumplir con la tasa establecida, pues en los tributos de 1565, sólo pudieron cumplir con el 3% de lo exigido. Con el ají la situación fue un poco más flexible pues si se había establecido para Ilo una tasa de 100 cestos, para 1565 no se consideró como tributo este producto.
Con respecto al pescado salado la tasa más alta de este tributo correspondía a Ilo, debido a su tradicional vocación pesquera. No es de extrañar que este era el único que los indios locales podían cumplir con tranquilidad, siendo el total de ello destinado a la venta, pues se cuenta que el hermano de Martínez había vendido las 400 arrobas de pescado a un tal Pedro de Bilbao a razón de un peso cada una, lo que demuestra la riqueza pesquera que siempre tuvo Ilo.
Por último, le correpondía a Ilo 16 indios como fuerza de trabajo; la mitad de ellos estaban destinados a servicios en general y 8 al cuidado del ganado, ambos en forma de mita. En este último caso los indios realizaban su trabajo en la zona de Tacahuai donde Martínez tenía yeguas, caballos, vacas, asnos y mulas así como aproximadamente 500 auquénidos.

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