Follow by Email

domingo, 31 de enero de 2010

ILO EN LA DECADA DE 1930



En la década de 1930 fueron alcaldes de Ilo Rafael Vásquez, Miguel Gambetta, Luís E. Ghersi Rafael Vásquez, Antonio de la Flor Rodríguez, Alberto Wehrle y nuevamente Rafael Vásquez.
En agosto de 1930 un grupo de ciudadanos asalta el edificio del concejo y retira el retrato del Presidente Leguìa, el cual quemó delante de la municipalidad.
En las elecciones de 1932 los vecinos protestan debido al abuso de la propaganda política que afectaba las fachadas de las viviendas.
En julio de 1934 el municipio estuvo a punto de declararse en quiebra debido a la abultada deuda que alcanzaba los S/ 1114.70. Ese mismo año se inició la construcción del matadero municipal en la zona de la playa La Picuda. A fines de ese año Antonio De La Flor inicia un segundo mandato como alcalde.
En 1935 se forma el Comité pro Hospital de Ilo, presidido por la Sra. Eudocia Barrios de Zapata; fue encarcelado el director del Semanario “El Faro”; se forma el Comité pro Monumento a Miguel Grau de Lima. Se inician los trámites para la creación de la Beneficencia Pública de Ilo.
En 1936 mediante compra y permuta se amplían los terrenos del edificio municipal a fin de ampliar éste y el mercado o recoba a sus actuales dimensiones. Se inició la reparación y remodelación de la Glorieta y el Puente Venus que culminaron al año siguiente.
En marzo de 1938 se produjeron fuertes lluvias en Ilo que destruyeron el camino que conducía a las lomas del norte y afectó las viviendas en el valle dejando gran cantidad de damnificados, a quienes el concejo socorrió entregando seis soles a cada familia. El pozo de captación de agua para la población colapsó. El propio presidente Benavides dispuso un subsidio a las familias afectadas. Eses mismo año el concejo adoptó el Sistema Métrico Decimal en todas las operaciones comerciales.
En 1939, el concejo es denunciado por el semanario La Reforma por el despilfarro en la organización de las fiestas de carnavales a la que se destinó la cantidad de S/ 150,00. En julio Ilo participa en la Gran Feria Nacional del 28 de julio con tres camiones que llevaban productos del valle, y cuyos propietarios fueron Nery Baldárrago, Alfonso Gambetta y doña Pilar Sueros de Valencia. A mediados de ese año continúa el trabajo sobre la plaza de armas: se amplió el área verde, construyéndose unas gradas de cemento y se rellenaron varios sectores. Se instaló un nuevo sistema de conducción de agua y se colocaron bancas ornamentales. Gran parte del trabajo fue realizado por don Carmelo Choque, quien diseñó y construyó la pileta que lucía la Plaza de Armas y que para el mes de noviembre del mismo año ya estaba en funcionamiento.
A fines de 1939 el alcalde Vásquez propuso la municipalización del servicio del agua debido al pésimo servicio que se brindaba a la población. Por esa misma fecha se formó el Comité pro Radio Municipal conformado por Jorge Mariaza, Oscar M. Conde, Manuel Mazuelos y Atilio Jo. Esta Comisión empezó su trabajo realizando una colecta pública a la que se unió el concejo con la suma de S/ 100.00.
Interesante, ¿no?

viernes, 22 de enero de 2010

EL TERREMOTO DE 1948

En 1948 era alcalde de Ilo don Luís E Ghersi (abril de 1948-enero de 1949). La situación más difícil que debió afrontar esta gestión fue el terremoto de 1948.
El 11 de mayo se produjeron en Moquegua un fuerte terremoto que destruyó parte de la ciudad. “A las 3.57 de la madrugada se produjo un violento terremoto de grado 7 en la escala de Mercalli y de aproximación de 50 a 60 segundos. Al primer remezón siguieron dos más, acompañados de ruidos interiores que produjeron justificada alarma en la población, pues raíz del sismo y ante los continuos temblores que se producían, la gente buscó los espacios abiertos para pasar las noches siguientes, unos a la intempe-rie y otros bajo carpas o armazones de mandera y caña cubiertas que se levantaron principalmente en la Avenida de la Estación… A conse-cuencia del sismo, cayeron por tierra las coronaciones de las dos torres de Santo Domingo que se hicieron en las obras de refacción de dicho templo… También se produjeron cuarteaduras de consideración en la mayor parte de viviendas, algunas de las cuales sufrieron derrumbe de techos y paredes.”(Luís Kuon Cabello)
El mismso movimiento fue sentido en Ilo. Estuvo acompañado de fuertes vientos, cuyos efectos se pudieron ver luego en la casa cural, en donde una de sus paredes se vino abajo. Otro local que sufrió los efectos del terremoto fue el Hospital San Gerónimo, cuyas paredes resultaron rajadas. Como consecuencia de esto, el Presidente de la Sociedad de Beneficencia Pública de Ilo solicitó al concejo la concesión gratuita de unos terrenos con el objeto de ampliar el edifico del indicado hospital.
Pasado el movimietno, el concejo de Ghersi dispuso de una suma de dinero para levantar la pared caida de la casa cural y destino la cantidad de S/ 1500.00 “con el objeto de comprar chompitas y otras prendas de vestir, para los niños pobres de aquella ciudad (Moquegua) y que hayan sufrido mayores daños por el sismo.”
Un hecho bochornoso, no obstante la desgracia vivida por la población moqueguana, empañó las acciones a favor de los damnificados del terremoto. Como consecuencia del desastre, se formó en Lima un Comité Pro Damnificados integrado por personalidades de Ilo y Moquegua. De alguna manera, una denuncia contra los integrantes de esta comisión realizada por el diputado de Ilo ante Moquegua, Raúl Jiménez, ocasionó una protesta que se hizo conocer mediante una comunicación dirigida al concejo de Ilo; la comuna distrital lamentó esta acusación infundada “que ha afectado grandemente la honorabilidad de los componentes del comité indicado, personas netamente moqueguanas e ileñas, de reconocida honorabilidad y solvencia, como también altruistas y filántropos que representan con prestigio al departamento de Moquegua y que han sido ofendidos sin causa que lo justifique” y que integraba, en calidad de tesorero “un preclaro hijo de Ilo” el señor Humberto Ghersi Mosquera. Por tal motivo el concejo decidió destituir del cargo a Raúl Jiménez, condenando su actuar “que no interpreta el sentir de los miembros de este municipio ni los del pueblo de Ilo en general.”
Dentro de la historia de los desastres locales, este fue quiza el sismo de mayor intensidad que se vivió en el siglo XX en el puerto de Ilo.
No obstante esto, durante la gestión de Ernesto Nieto Gambetta, el alcalde de Moquegua le solicitaba se pronuncie al respecto, algo que había sido solicitado con anterioridad pero que en su momento se dejó en suspenso.

jueves, 14 de enero de 2010

EL DESASTRE DE 1900.

Con alguna frecuencia el ingreso anual del río Osmore ha generado cierta inquietud entre los agricultores por las consecuencias que produce. A inicios del siglo XX esta avenida fue catastrófica debido a que no se tomaron acciones pese a diversas recomendaciones y antecedentes. En setiembre de 1889 el ingreso del río fue inusual puso en riesgo el sistema de captación y distribución de agua potable. El regidor de ese entonces Juan Daneri, señalaba en su momento que “las entradas del río en el presente año han debilitado mucho el cauce y amenazado llevarse todo y destruir el pozo de donde se extrae el agua.” Poco se pudo hacer sin embargo debido a la falta de recursos.
Fue en el verano de 1900 en que se produce la más destructora avenida del río de que se tenga noticias. El desborde del Osmore destruyó gran parte del valle, comprometiendo caminos y puentes; el sistema de bombeo de agua colapsó y el servicio se interrumpió varios días; los vecinos del valle se vieron obligados a abandonar sus chacras y pagos dirigiéndose hacia los cerros y, los que pudieron, se refugiaron en el puerto. Los puentes de Chaspaya y Loreto que comunicaban ambas bandas del río y que eran vitales para la comunicación desaparecieron aislando una parte del valle. Gran parte de los olivares fueron arrasados y era fácil ver al ganado flotando sin vida sobre las torrentosas aguas del río que desembocaba con verdadera furia en el mar. Las aguas alcanzaron las casas existentes en el valle destruyendo algunas e inutilizando otras.
Sin recursos para hacer frente a esta desgracia, el municipio de Ilo se dirigió al gobierno central a fin de conseguir la ayuda más inmediata para restablecer el servicio del agua y reconstruir los puentes sobre el río. En el mes de febrero las cosas seguían casi iguales. Un cablegrama del Director de Fomento anunciaba que un ingeniero Márquez llegaría a Ilo con el encargo de estudiar la manera de reparar el servicio de agua potable en el puerto y autorizaba a disponer de recursos para restablecer este servicio de los fondos que el muelle entregaba a la Aduana local.
El servicio de agua fue restablecido recién en marzo. Los contratistas de los trabajos, fueron los señores Armando Mazuelos y Pedro Ávila quienes, como parte de los acuerdos corrieron con los gastos de la mano de obra, siendo responsabilidad del concejo pagar el costo de las reparaciones y los gastos de alimentación.
Un evento así se volvería a repetir casi 90 años después cuando en la década del 90 el río ingresó con fuerza destruyendo todo a su paso incluso el puente industrial de la empresa Southern y aislando por varios días al distrito de Pacocha.

domingo, 3 de enero de 2010

EL PRESUPUESTO DE 1892


A finales del siglo XIX la economía del distrito de Ilo era realmente precaria, por lo que urgía mejorar las rentas y recabar nayores ingresos. El 7 de febrero de 1892 la comisión encargada presento a sesión de concejo lo que es el primer presupuesto municipal del que se tienen noticias documentadas. El valor de este documento está en los datos que aporta, en la forma como se planificaban los ingresos y en los indicadores que nos permiten reconstruir las características de la economía a fines del siglo XIX en Ilo.
Los ingresos estaban principalmente referidos a los impustos que se pagaban por diversos rubroso y que el Concejo aprobaba. Así, en la sisa (impuesto para el comercio de carnes), cada cabeza de cerdo pagaba 60 centavos y la chalona 5 centavos; en él rubro de artículos, las limonadas, sodas oxigenadas, aguas de seltz, y otras similares, efervescentes o no, pagaban cinco centavosla docena; el ciento de cajetillas de cigarrillos extranjeros pagaban 40 centavos y por la misma cantidad de los nacionales se cobraba 20; el quintal de harina de 46 kilos pagaba 10 centavos, el quintal de arroz 5 centavos y el de azúcar 23 centavos.
En el rubro de peajes, toda mula que entraba cargada a la población pagaba 9 centavos, cada diez mulas sin carga pagaban 18 centavos. Todo borrico cargado pagaba 4 centavos y cada diez de ellos sin carga abonaban 18 centavos.
En el alumbrado y aseo el tributo lo pagaban todos los vecinos en base a un padrón que la municipalidad mandaba confeccionar y que siempre generaba las quejas del vecindario y de los comerciantes lugareños.
El tributo a los bultos solo se aplicaba cuando estos se desembarcaban en Ilo y la escala era la siguiente: todo el que no superase los 46 kilos pagaba dos centavos y cuatro los que pasaban aquel peso.
En el rubro de rodajes, pesas y medidas y collares, toda carreta de tráfico continuo al mes pagaba 50 centavos; cada carreta que servía en la ciudad y en el campo pagaba un sol al semestre; la verificación del sello en cada metro utilizado en el comercio tributaba 50 centavos, la verificación del sello en balanzas o romanas que pesasen menos de 100 kilos pagaba un sol al año y, entre otros, la verificación de sellos para perros pagaba un sol al año por raza grande y 50 centavos por raza pequeña.
En el tema de licencias, la apertura de nuevo negocio de primera clase (cuando el capital excediese los mil soles) pagaba por unica vez cinco soles; todo negocio de segunda clase (su capital fluctuaba entre 500 y mil soles) pagaba tres soles y los negocios de tercera clase (capital que no escedía los 500 soles) pagaba dos soles. Toda persona que solicitase licencia para algún espectáculo, cualquiera sea el tipo, pagaba por cada vez un sol y la licencia para reventar cohetes en las noches hasta las 12 debía abonar la suma de 20 centavos.
En otros impuestos, cada tonelada de lastre pagaba 50 centavos; cada tonelada de guano un sol; pino y roble descargado, el millar de pie 2 soles; el ciento de lumillas, lumas, cuartones, tablas laurel y tablones de alerce 60 centavos; lumones, tijerales, madrinos y durmientes, el ciento un sol; viguetas, tablones de roble y curvas 2,50 soles el ciento; cada cuaderna pagaba 50 centavos y cada viga desde 12x12tributaba 4 soles.
Esto no es sino una pequeña muestra de la meticulosidad con la que se establecían los tributos que sostenían la economía local.