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lunes, 26 de enero de 2009

SOBRE LA FUNDACION ESPAÑOLA DE ILO.

En varias oportunidades se ha comentado que hace algunos años, cuando aun no era provincia, Ilo celebrara el 22 de enero su fundación española y que esta ceremonia se celebró por espacio de dos o tres años, cayendo luego en desuso por varias razones.
¿Qué hay al respecto?
El 22 de enero de 1968, a las doce del día, el concejo distrital realizó una sesión solemne para conmemorar el 428 aniversario de la fundación española de Ilo, siendo alcalde el doctor Francisco Pinto Ramírez. En esa ceremonia se entonaron las notas del Himno Nacional y se leyó una transcripción de la provisión en la que Francisco Pizarro entrega a Lucas Martínez Vegazo una encomienda desde Arequipa hasta Tarapacá el 22 de enero de 1540 y en la que se localizaba el pueblo de Ilo, encontrándose el original en el Archivo General de Indias.
Sobre esta acción y sobre Lucas Martínez se ha hablado ya en otras oportunidades y recomendamos a los interesados revisar las entradas anteriores.
Lo cierto es que, motivado por la buena fe, algunas personas tomaron este documento como una prueba de la fundación española de Ilo, lo que evidentemente es un error. Primero porque no existen evidencias históricas de fundación alguna del valle de San Gerónimo, segundo, porque ya se reportan españoles en Ilo en 1548 (ver artículo “Europeos en los inicios de Ilo”) y tercero porque la entrega de una encomienda no es, de ninguna manera, un acto fundacional cuando, quienes conocen el tema, saben que este acto, muy ceremonial, requería de algunas condiciones y requisitos que en el caso de Ilo no se dieron.
Esta ceremonia de celebración, se repitió el año 1969 y nunca más se volvió a realizar debido a que al año siguiente el distrito de Ilo fue elevado a la categoría de provincia y este fecha remplazó a la otra, lo que fue quizá lo más adecuado.

sábado, 17 de enero de 2009

EUROPEOS EN LOS INICIOS DE ILO.

Los primeros eurpeos en Ilo fueron los españoles, quizá los acompañantes de Almagro luego de su fracasada expedición a Chile (1537). En 1539 ya habían españoles afincados en el valle de Ilo, tal como Mizier Francisco, arrendador de buques y que alquiló uno para una nueva expedición hacia Chile. Lamentablemente para los conquistadores, las dificultades impidieron éxitos suficientes, por lo que muchos de ellos regresaron y empezaron a afincarse en Ilo y sus alrededores, naciendo algunos caceríos en Pacocha, Alfaro, Platanal, San José, Jilguerito, Los Molles, Agua Buena, Concepció y Hierba Buena. Más adelante junto a don García Hurtado de Mendoza, vinieron muchos españoles al sur, entre los que se encuentran las familias Rivera, Alai y Za (Alaiza), Hurtado de Mendoza, Vitores de Alvarado, Jimeno y Jiménez, Salgado, Coraldeas, Alvarez, Oribe, Ororvias, Landaeta, Sánchez, Cornejo, Campos, Almeida, Mendoza, Arias, Herrera, Portocarrero, Vásquez y otros.
En 1540 Pizarro otorgó el valle de Ilo en encomienda a Lucas Martínez Begazo, pero en 1548 el Presidente Pedro de la Gasca traspasó esta propiedad a don Jerónimo de Villegas, quien tomó posesión el 21 de agosto del mismo año, poniéndole al pueblo el nombre de San Gerónimo y ubicándolo en la margen derecha del río. Más adelante, el capitán don Vicente de Córdova trasladó el pueblo a la margen izquierda, donde se ubica en la actualidad.
Pese a esto, fue muy difundida la creencia que señala a los franceses como los fundadores de Ilo y no falta razón. En la época del virrey Manuel Oms de Santa Pau, marqués de Castell dos Rius (1705-1710) otorga poder al francés Enrique Renaud y a un grupo de franceses para que funden el puerto y pueblo de Pacocha, así como para que repueblen San Gerónimo de Ilo, que se encontraba abandonado por los naturales debido a pestes de difteria, desintería, terciana y otras. Este virrey se interesó mucho por Ilo, y hasta permitió el comercio de contrabando por ese lugar, por lo que fue denunciado a la corte de España por los comerciantes de Lima. Por esta razón el virrey fue destituido y detenido en Lima en 1710, año en que murió.
Con respecto a los ingleses, Antonio de Pereyra y Ruiz señala al respecto que “tanto los hombres como mujeres visten a la imitación de los ingleses a causa de los tratos que tienen con éstos en el inmediato puerto de Ilo, donde los pudientes de Moquegua van a pasar la temporada de verano, aprovechándose de los baños del mar, y como gente más dispuesta a la alegría que la del interior del reino, llevan sus guitarras para divertirse en sus reuniones durante esta estación".
Cuando gobernaba el virreinato del Perú el príncipe de Santo Buono don Carmine Nicolás Carracciolo, de ascendencia italiana, numerosos inmigrantes de origen italiano vinieron al Perú, y muchos de ellos o sus descendientes se establecieron en Ilo. El hermano del virrey, don Francisco Carracciolo desempeñaba en este puerto las funciones de receptor y proveedor de naves.
Es quizá por esto que en 1711 se habilitó la enseñada de Puerto Inglés vecina a Ilo para el comercio de mercaderías.

miércoles, 7 de enero de 2009

LUCAS MARTINES VEGAZO. PRIMER ENCOMENDERO DE ILO.

Cuando Pizarro, allá por 1540, se encontraba en Cuzco, empezó a entregar encomiendas a quienes lo habían acompañado a la invasión del Tawantinsuyo. Uno de ellos fue don Lucas Martínez Vegazo, amigo de Pizarro, quien recibió de sus manos una encomienda en la que figuraba el valle de San Gerónimo de Ilo, convirtiéndose en el primer encomendero de este valle.
Lucas Martínez, al igual que Pizarro, nació en Trujillo de Extremadura entre 1511 y 1512; fue hijo legítimo de Francisco Martínez Vegazo y Francisca de Valencia. A la edad de 19 años se embarca hacia las Indias junto con los hermanos Pizarro, bajo las órdenes de Francisco, participando en el segundo y tercer viaje que culminó con la invasión del Tawantinsuyo. Su condición era la de soldado de a pie, lo que le exponía a mayores dificultades y sólo recibía una paga insignificante, tal como ocurrió en Coaque, en donde obtuvo sólo 14 pesos.
Estuvo presente en la masacre de Cajamarca y en el reparto del rescate le correspondió 135 6/8 de marcos de plata y 3 380 pesos de oro; con esta fortuna formó junto a Alonso Ruíz una Compañía para la conquista del Perú, lo que le cambio la vida. Curiosamente, lo primero que hace Martínez, es adquirir uno o dos caballos en el que invirtió 2 700 pesos, negocio rentable pues el caballo otorgaba prestigio social, rango militar y permitía a su dueño recibir en los repartos un pago superior casi en cuatro veces al que recibía el soldado de a pie.
Fue el español que más había recorrido el Perú hasta 1533. Estuvo en el juicio a Atahualpa e incluso fue autor de una relación sobre lo sucedido. De Cajamarca pasó a Jauja y luego a Cuzco a fines de 1533, participando en el saqueo de la ciudad, con lo que su fortuna creció sobremanera. Le correspondió un solar en el Hatun Cancha y en el reparto del botín, recibió 2000 pesos ensayados de oro y cerca de 1 517 pesos en plata, con lo que un cálculo sobre su fortuna daría una cifra de dos millones de pesos.
En agosto de 1535 Pizarro le entregó en encomienda los indios Carumas y, más tarde, recibió en la misma condición los indios Ubinas, aunque esta encomienda nunca le fue reconocida. En 1 537, como una secuencia lógica, fue regidor del cabildo del Cusco. Fue vecino notable de Arequipa y como tal, Martínez recibió en 1540, a la edad de treinta años, su última gran encomienda que lo consolidaba como rico colono, poderoso encomendero y próspero comerciante, aquella que iba desde la propia Arequipa hasta el norte de lo que hoy es Chile, teniéndose como cierto que fue el fundador de la ciudad de San Marcos de Arica.
Tuvo una vida interesante; no formó familia pero, estando muy enfermo, contrajo nupcias con María Dávalos del Castillo, hija de Nicolás de Rivera, alcalde de Lima y de doña Elvira Dávalos quien le pidió 20000 pesos por el matrimonio con su hija, cantidad que se redujo hasta 12000 pagados al contado. El matrimonio se celebró el domingo 20 de abril de 1567 en la cama del moribundo quien no podía ni sentarse. Nueve días después, el 29 de abril, a las tres de la tarde, Lucas Martínez Vegazo entregaba su alma a Dios.