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sábado, 9 de diciembre de 2017

EL TEMPLO DE SAN GERONIMO

El primer templo de Ilo dedicado a San Gerónimo, patrono del pueblo, fue construido en la margen izquierda de la desembocadura del río Osmore, al rededor del cual se levantaron pequeñas casitas de madera, quincha o adobe. Se sabe por versiones del sacerdote Víctor Barriga que el templo era "de un solo caño de competente largo y ancho, todo de adobe y barro, con la techumbre de tijera de mangle y cubierta de tablazón de alerce del reino de Chile, toda nueva con su torre del propio material. Y aunque el adorno de mano es correspondiente, no toca en indecencia a excepción del Altar Mayor que tiene el necesario culto a la Magestad que encierra. Su sacristía está abastecida de los necesarios ornamentos y vasos sagrados..." (Víctor M. Barriga: Memorias para la historia de Arequipa).
En este templo, según la normatividad de la época,  se decían seis misas cada año: una el día del Corpus, otra en el día de Santa Rosa, otra en el día del patrono de la iglesia (en este caso San Gerónimo) y las otras tres en los primeros días de pascua de resurrección, Pentecostés y Navidad. Los santos oleos utilizados en las celebraciones eran traidos desde Moquegua en manos de los propios sacerdotes.
Aunque parte del sostenimiento del templo procedía de la propia feligresía, recibió donaciones que le permitieron mantener por mucho tiempo una holgada economía pese a ser un templo muy pequeño;  era propietario de las haciendas Sacramento y Buena vista y recibía tributos de las haciendas Majuelo y Pampa de Jiménez, lo que le permitía financiar misas, fiestas religiosas, ceras, aceites y todo aquello que pudiera necesitar. Incluso contaba con un negro esclavo que fue donado para el cuidado de la Virgen del Rosario. Todos los ingresos y patrimonio con que contaba este templo era administrado por los llamados fabriqueros, entre quienes podemos mencionar a don Francisco Nieto, don Manuel Angulo, Mariano Carbajal y don José Torres, todos nombrados por las autoridades eclasiásticas de Arequipa.
El templo de San Gerónimo gozó de relativa salud (pues conoció tiempos de escasez) hasta 1868 año en que el maretemoto de agosto de ese año lo destruyó por completo.
En 1871, luego de la reubicación de los sobrevivientes hacia la zona sur, en Pacocha, se dispuso de una cuadra (42 áreas y 10 centiáreas) para la construcción de un nuevo templo, que es el que tenemos en la actualidad. Claro que no se hizo de golpe pues tuvo que estar supeditada a las disponibilidad de recursos del vecindario que salía de un devastador desastre natural. Su estructura debió seguir la misma que tuvo el templo original: una sola crujía con estructura de madera, orientada como era costumbre de oriente a occidente, con ventanas y puerta a ambos lados, un altar decente y campanario en el que en el siglo XX fue colocado un reloj donado por don Ladislao Vasquez. Debido que se construyó sobre un promontorio, requirió que se le agregue dos escalinatas, una a cada lado de la puerta pincipal, la cual, además, estaba acompañada de dos ventanas dispuestas simétricamente una a cada lado de ella. 
Entre la puerta principal y el alma del edificio se dispuso de una mampara que daba acceso al recinto y que se abría en fiestas principales. En sus paredes se disponían de imágenes de santos y santas en mesas o altares, algunos de estilo neoclásico. De todas ellas dos eran las que tenía la mayor atención: la de San Gerónimo y la de la Virgen de Rosario, ambas rescatadas semidestruidas de matemoto de 1868 y que se conservan en la actualidad en el altar mayor de nuestro templo. Se sabe que la imagen de la Virgen del Rosario fue afectada por un incendio producto del uso de velas por lo que fue enviada a Lima, siendo remplazada mientras por otra de menor tamaño donada por la señora Julieta Vasquez.
 En 1910 el párroco don Mariano Benavente inició los trámites para obtener el título de propiedad de la iglesia (en sí de toda la cuadra asignada desde 1870). Los trámites requirieron de procedimientos legales y administrativos que culminaron con éxito en setiembre de ese año cuando se declaró que "la Iglesia Parroquial del Puerto de Ilo es propietaria del sitio y edificios que constituyen la Iglesia y Casa Cural en dicho puerto, ubicadas en la calle del Callao..." (sic)
En 1924 se culminó lo que fue su primera refacción; se supone que en ella se colocó el revestimiento de calamina que hoy luce y que fue producto de erogaciones  públicas y actividades realizadas por la feligresía con la finalidad de recaudas fondos. En la década de 1990 se iniciaron los trámites para modificar la estructura original del templo que le dio la forma que hoy luce. Perdió la casa cural que se ubicaba en la esquina de Veintiocho de julio con Junín y el antiguo salón parroquial, pero ganó un importante espacio público que se consolida con la plaza principal (o Plaza de armas) ubicada frente a ella, aunque la arquería colocada en dicho lugar no le hace mucho favor. Perdió tambien su altar mayor, el púlpito y la decoración mural que se conservaba en la pared posterior.
Para el siglo XXI se intervino la parte original del templo, con el apoyo del Instituto Nacional de Cultura. Con el tiempo sufrió algunos cambios en el interior: fue borrada la pintrua original de palo rosa que decoraba las paredes, se perdió parte de la decoración de ángeles que adorbana algunas paredes y de los cuales se han conservado algunos ejemplares, se incorporó en el altar una pintura mural y se le dotó de nueva mueblería y columnas.


miércoles, 18 de mayo de 2016

UNA HISTORIA DE DESASTRES




Desde hace algún tiempo, y más preciso desde el 2001, ha tomado mayor relevancia el tema del silencio sísmico en la zona sur peruana y norte chileno luego de conocer el historial sísmico lleno de eventos altamente destructivos. Los esfuerzos de las autoridades nacionales y locales han estado dirigidas al tema de la prevención y la población de Ilo, al menos en el caso de tsunamis, creo que ha respondido adecuadamente ubicándose en aquellas zonas seguras identificadas en nuestra ciudad, distinto al panorama que vivimos en la alerta de tsumani del año 2001.
No tenemos hasta la fecha una relación o estudio de los diferentes desastres que a través de la historia han asolado a Ilo o por lo menos, puso en zozobra a sus habitantes. Así que echamos mano a nuestros archivos y esto fue lo que encontramos.
El dato más temprano que se tiene a la fecha es la erupción del Huaynaputina (febrero de 1600) cuya lluvia de ceniza alcanzaron las costas de Ilo, tal como lo pudo evidenciar los estudios realizados en las evidencias arqueológicas encontrados en la década de 1980 en la zona de San Gerónimo. Relatos de la época narran los efectos de la nube de gases y ceniza sobre las personas y los suelos agrícolas, llegando a considerar la erupción un castigo de Dios. Con columnas de gases y cenizas, estas últimas pudieron llegar hasta Ilo, destruyendo la capa superficial y cubriendo los árboles de todo el angosto valle, lo que debió perjudicar a los hacendados de la época.
El evento más recordado ha sido el sismo de agosto de 1868 que fue seguido de un tsunami que afecto el sur peruano y el norte de Chile actual que en el caso de Ilo destruyó el antiguo pueblo de San Gerónimo y obligó a su gente, luego de sepultar a sus víctimas, a trasladar el pueblo hacia el sur, en el lugar que actualmente se encuentra. Este sismo figura como uno de los más fuertes de la historia sísmica del Pacífico sur, aunque los expertos discuten si fue de 9 o de 10 o más grados de intensidad. Fotos de la época demuestran el tremendo efecto devastador de aquel terremoto.
Nueve años después, en 1877, otro terremoto afectó la misma zona y casi con la misma intensidad. Los pocos datos que se tienen señalan que en Ilo el movimiento se produjo a las 08,30 horas del 9 de mayo y se caracterizó por una fuerte sacudida seguida quince minutos después el mar se retiró y produjo un gran movimiento de olas, tres en realidad, con intervalos de media hora cada una, siendo la tercera la más fuerte, sin producir, sin embargo, estragos importantes. El mar continuó moviéndose hasta las cinco de la tarde. “En su retirada el mar bajaba de 20 pies debajo de su nivel ordinario y subía de otro tanto en su salida” según informó el Capitán de Puerto de ese entonces.
 A inicios de 1900 un nuevo desastre tocó al apacible puerto de Ilo producido por una fuerte avenida del río Osmore. Ya un año antes el río el ingreso del río fue inusual y puso en riesgo el sistema de captación y distribución de agua potable. En el  verano de 1900 el desborde del Osmore destruyó gran parte del valle, comprometiendo caminos y puentes; el sistema de bombeo de agua colapsó y el servicio se interrumpió varios días, obligando a los lugareños a abandonar sus chacras y pagos y protegiéndose en los cerros y en el puerto. Los puentes de Chaspaya y Loreto desaparecieron aislando una parte del valle y  gran parte de los olivares fueron arrasados y era fácil ver al ganado flotando sin vida sobre las torrentosas aguas del río que desembocaba con verdadera furia en el mar. Las aguas alcanzaron las casas existentes en el valle destruyendo algunas e inutilizando otras.
 El 11 de mayo de 1948 un nuevo terremoto de 7 grados en la escala de Mercalli destruyó parte de Moquegua a las 03,55 de la madrugada. Y mientras en esta ciudad caían al suelo las dos torres del templo de Santo Domingo, en Ilo el movimiento estuvo acompañado por fuertes vientos. Pasado el momento de susto y aclarado el día los efectos fueron visibles: paredes rajadas de algunas casas, colapso de una de las paredes del antiguo hospital de San Gerónimo, como también las paredes de la casa cural  ubicada al costado del templo de San Gerónimo en la esquina de las calles Callao y 28 de julio. Como la tierra siguió temblando la población se congregó en el templo para pedir la intervención divina en favor de la ciudad, coda muy común desde tiempos antiguos. Conforme avanzaba el día la autoridad municipal pudo comprobar con cierto beneplácito que los daños no eran muy fuertes.
A cien años del terremoto de 1868, se produjo otro fuerte maretazo que destruyó el antiguo pueblo de Patillos. Las aguas del mar salieron hasta la carretera que conducía a Pueblo Nuevo y en su paso dejaron destrucción, incluyendo el nuevo y aun no inaugurado Hotel de Turistas. La población del lugar debió ser reubicada en la zona conocida hoy como Miramar. Lamentablemente pasado este evento, la gente regreso al lugar exponiéndose a eventos similares.
El Osmore, el 3 de marzo de 1997 volvió a hacer estragos en su ingreso como hace caso 90 años, pero esta vez la fuerza de las aguas fue más destructora: trajo abajo el puente del ferrocarril industrial y la carretera que comunicaba Ilo con Pacocha aislando por algunos días a este distrito y causó la muerte de por lo menos una persona. Arrastro gran cantidad de olivos y de animales y causó grandes perjuicios económicos a los agricultores al reducir el área cultivable. En junio del 2001 otro sismo que pasó los 7 grados produjo graves daños a la infraestructura de varias viviendas y edificios, activó la falla Chololo y originó una de las evacuaciones más graves que se conoce, demostrando que la ciudad no estaba preparada para eventos como éste. Felizmente la población aprendió de esta circunstancia y por lo menos aquí ha sabido responder con cierta eficacia.
Los científicos aseguran que un nuevo evento destructivo pende sobre nuestra ciudad. Es de esperar que, con esta historia de fenómenos, podamos, llegado el momento, actuar de manera inteligente y reducir las consecuencias para la vida e integridad de nuestra población.